Centramos la atención en los fenómenos englobados en el movimiento contracultural que se vino en llamar “La Movida” a principios de los años ochenta, coincidiendo con la última etapa del periodo de Transición a la Democracia en España. Esta corriente, iniciada en Madrid alrededor de 1978 a través de grupos jóvenes aficionados a la música pop, la cultura punk, el comic o las publicaciones underground, ampliaba más tarde su espectro a otros ámbitos creativos y artísticos, como el cine, teatro, moda, artes plásticas, diseño, etc, bajo señas de identidad como la pérdida de importancia del compromiso político, la vivencia hedonista del presente, el culto a la apariencia y lo estético, la liberación sexual o el consumismo. El discurso de la Movida conectó bastante rápido con la primera generación de jóvenes formados ya en democracia, e influidos por las corrientes culturales y estéticas renovadoras que, por primera vez, llegabana través de medios libres de censura. La calle, conciertos, locales de ocio nocturno, exposiciones y fiestas serían nuevos laboratorios de experimentación, y también campos de batalla para esta nueva militancia participativa, pero también frívola y aparentemente desideologizada.
El trabajo trata de profundizar en la manera en que se fue replicando en provincias, durante los primeros ochenta, la tendencia cultural llegada desde el Madrid de la Movida, conectada a referentes estéticos como la cultura pop y la corriente New Wave. Factores como la renovación de contenidos en los medios de comunicación, la movilidad estudiantil, el clima, las infraestructuras de comunicación, la modernización de la economía, el turismo o la tendencia, por parte de las instituciones, a fomentar el asociacionismo y una mayor participación de la población en la vida pública, fueron determinantes en la manera en que vanguardias y nuevas corrientes estéticas se abrían paso en provincias y municipios de toda España, sobre todo a raíz de la abrumadora victoria del PSOE en las Municipales de 1983.Tras el éxito de la gestión de Enrique Tierno Galván, “el alcalde de la Movida”, en Madrid en la legislatura 1979- 83, la Movida se convirtió en etiqueta y argumento de modernidad, y multitud de ayuntamientos, principalmente socialistas, promovieron programas en los que la política cultural gozaba de mayor importancia, a la vez que se integraba al colectivo juvenil como partícipe activo e interlocutor válido dentro de la vida de los municipios.
Tomamos como ejemplo el caso particular de la provincia de Almería, históricamente marcada por el aislamiento, atraso y deficiencias en desarrollo e infraestructura, que experimentaba en los años ochenta un periodo inédito de despertar cultural. En este proceso, una creciente y joven escena alternativa de grupos pop y punk, artistas plásticos de vanguardia, editores de publicaciones alternativas, dibujantes de comic y grupos ecologistas, conformó, desde 1983, un grupo fundacional de “la Movida”, de la mano del joven diputado José Guirao Cabrera, entonces delegado de Cultura en la Diputación Provincial.El trabajo de investigación reconoce, en este sentido, gran importancia en los cambios sociales experimentados por la sociedad española en los años 80, a la militancia y activismo cultural no necesariamente político o ideológico de estos jóvenes que, a priori, solo buscaban disfrutar de su tiempo libre y profundizar en sus inquietudes, o proyectarse estéticamente de una manera diferenciada con respecto a la tónica general. Entendemos que estos activistas de una cultura aparentemente frívola y desideologizada fueron pioneros en el conocimiento y la práctica del pensamiento libre, convirtiéndose en generadores y transmisores de esta nueva mentalidad, y contribuyendo con este esfuerzo a la creación de una sociedad más abierta.